Continuamos con el segundo libro de la saga Asesino de Brujas. Aunque el primer libro me pareció entretenido a pesar del ritmo lento que imponía la autora, este libro me ha parecido algo más pesado de leer. Todo el libro se centra prácticamente en encontrar aliados para derrotar a Morgane.
Este segundo libro me ha parecido muchísimo más cliché del segundo. Esto no tiene por qué ser malo, ¿a quién no le apetece algo cliché de vez en cuando? Pero esta clase de cliché no me gusta, no entiendo por qué en el segundo libro los protagonistas siempre tienen que pelarse por razones absurdas que podrían resolver con una simple conversación. Dejemos por favor el cliché de: el prota se está autodestruyendo pero se miente a sí mismo (al menos nos hemos ahorrado el triángulo amoroso).
Vamos con la sinopsis y seguimos con la reseña.
Adonde ella vaya, él irá. Donde ella se quede, él se quedará. Hasta que la muerte los separe. Lou, Reid, Coco y Ansel huyen no solo del aquelarre, sino también del reino y de la Iglesia. Son fugitivos y no tienen donde ocultarse. Para sobrevivir, necesitan aliados. Y unos muy poderosos. Pero mientras Lou se preocupa cada vez más por salvar a sus seres queridos, se adentra en el lado oscuro de la magia. Y el precio a pagar podría ser la persona a la que más teme perder: Reid. Ellos están unidos por un juramento y solo existe una cosa que puede separarlos: la muerte.



