Después de tirarme todo un verano sin parar de leer, libro tras libro pendiente, al empezar el curso tuve un bloqueo del lector importante. Nunca había tenido un bloqueo que durara tanto. Veía los libros en novedades y ninguno me llamaba la atención.
Finalmente buscando en blogs de libros y en Instagram decidí darle un voto de confianza a esta historia de amor. No soy muy fan de las historias de amor, normalmente me aburren o los clichés me echan para atrás. No sé por qué elegí este libro, quizás por la portada de un chispeante azul o quizás por la original sinopsis. El caso es que me ha encantado para ser un libro romántico.
Es muy divertido y ameno, ideal para leerlo en la playa (no descarto el año que viene releerlo allí).
Os invito a conocer a Priscila y a Alex.
Alex y Priscila se conocieron un verano de color verde y de canciones de los 90, cuando solo tenían ocho y cinco años, él llegó de Londres y se mudó a la casa de enfrente.Alex y Priscila se dieron su primer beso dos veranos más tarde, flotando en esas aguas que eran parte de su historia.
Alex y Priscila se besaron de verdad cinco veranos después en un juego de la botella y con la noche de San Juan como telón de fondo.
Alex y Priscila vivieron juntos muchísimas aventuras más.
Para ella, Alex era el vecino que le enseñó a contar números y a poner colores a los veranos.
Para él, Priscila era el ángel con zapatos de pompones y lazos extravagantes, la chica ingeniosa y la Reina del Desierto.
Pero entonces sucedió aquello y Priscila huyó al otro lado del océano.
Cuatro años después, Priscila regresa a su pueblo natal para asistir a la boda de uno de sus hermanos.
Regresa a su amado Mediterráneo, al sol y al agua, pero también a… Alex.
Alex, que no quiere saber nada de ella.
Alex, cuyos ojos solo reflejan resentimiento y hostilidad.
Alex, que continúa siendo su marido.
¿Qué fue lo que ocurrió aquel último verano?
