Es la una de la mañana, he encendido el ordenador corriendo tras terminar el
libro para ponerme a escribir. Normalmente, dejo un día o dos entre leer el libro y escribir la reseña,
pero esta quería escribirla con los sentimientos todavía recientes del
libro. Como he comentado varias veces mi madre es un as para los libros y este
ha sido una recomendación suya, como de costumbre no se ha equivocado.
Una vida puede ser mucho más que el simple transcurrir de los días...Primero fueron catorce años de distancia, las cartas robadas, los impedimentos sociales, la guerra. Más tarde un compromiso inoportuno, la pasión arrebatadora, el amor improbable. Ahora, aunque el abismo que les separa es mucho más profundo, Noah no pierde la esperanza de reencontrarse con la única mujer que ha amado. Y cada mañana tras colocarse las gafas, abre el diario de su vida y lee, lee todo lo que ha hecho de sus días un camino pleno de momentos de felicidad. Así a través de las páginas de este misterioso cuaderno, descubrimos la historia de un amor que logró superar todas las barreras imaginables y que, hoy, quizás, pueda superar también el muro del olvido.
Casi no puedo expresar como me siento tras terminarlo, tengo una sensación
de vacío y de felicidad al mismo tiempo (vale, puede que felicidad no sea la
palabra exacta pero sí la que más se acerca).
Hay libros que entretienen y con los que disfrutas, pero hay otros con los
que sencillamente...vives. Y eso es lo que me ha ocurrido con este libro.
Nicholas Sparks tiene un estilo de escritura que normalmente no me gusta,
pero en su caso ha sabido atraparme y por primera vez he disfrutado realmente
de las amplias descripciones que hace y la ausencia casi de diálogo. Cada
palabra y cada descripción estaban ahí para hacerte sentir algo, ya sea
libertad, dolor o amor. Los capítulos son cortos, pero os puedo asegurar que he
disfrutado (y sufrido) cada palabra de las 205 páginas del libro.
La historia...bueno, la historia nos muestra en realidad apenas tres días de nuestros protagonistas pero que sirven para conocerlos afondo, para llorar y reír con ellos. No soy dada a llorar en los libros, solo lloré (lo que se dice llorar a lágrima viva, no a soltar una lagrimilla) con el libro de Un Monstruo Viene a Verme, pero confieso que este libro me ha sacado una lagrimilla (os informo que ha sido la página 196 la que ha conseguido terminar con mi larga estoicidad con los libros). Me ha conmovido desde el principio hasta el final. A pesar de lo que pueda parecer no se hace nada empalagosa, todo lo contrario ha sido una historia de amor narrada casi de una forma perfecta, delicada, cuidando cada detalle.
El libro lo he leído de una sentada, iba a leerlo en varios días, pero
necesitaba conocer más a fondo la historia y los personajes, no porque quisiera
saber cómo acababa la historia (a decir verdad, no quería que acabara) sino
porque quería seguir disfrutando de la historia, quería seguir inmersa en ese
mundo presentado por Noah y Allie.
No quiero revelar nada de la trama ni de los personajes, porque creo que en
este caso más que contaros de qué va el libro o cómo son los personajes, he
preferido contaros cómo me he sentido al leerlo, y todas las emociones que
despierta. Es un libro que merece la pena leer y releer, no sabía que iba a
disfrutar tanto con él y me daba mucho reparo empezarlo por si era una historia
triste de amor. Odio las historias de amor que acaban mal. Esta
historia...bueno dejaré a vuestra elección si es un final triste o feliz (yo me
inclino por lo segundo, pero porque tengo un fondo romántico optimista, muy muy en el fondo) pero os aseguro que es una historia que merece ser leída.
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